92/El rosal

Publicado en por carlosmanrique.over-blog.es

A pesar de mis cuidados, el rosal que planté hace años, cuando vine a vivir a esta casa, dejó de dar rosas tras acabar la primavera. Al rosal le crecieron unas ramas exuberantes, como aspas de molino que agitara el viento antes de la tormenta. Una mañana, a comienzos del verano, corté, una a una, sus ramas, hasta desmocharlo; apenas si quedó la mínima estructura de un tronco y un penacho. Procuraba que no le faltase agua cada noche. Hasta que una mañana de julio repararé en que de una de sus nuevas ramas habían brotado dos o tres capullos que dieron unas rosas bermejas, impactantes, pero sin olor. A pesar de todos mis cuidados, el calor del estío las agostó muy pronto. Ahora, dudo si volver a podar sus ramas, pues temo que el otoño solo pueda ofrecerle la reliquia de unas espinas por corazón.

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