121/Oro viejo

Publicado en por carlosmanrique.over-blog.es

Es extraña la felicidad. Hueca, estéril, inocente siempre.

No tiene peso. Por eso la cáscara de la almendra flota.

Las aguas no pueden sumergirla, acaso la arrastran.

(Más allá solo queda la belleza imperfecta del atardecer).

Es extraño pensar que he llegado aquí sin esfuerzo.

Es falso. La mano no siente el tacto de la moneda

Porque la llaga recubre el hueco de tantas ausencias.

No se muere en vano porque se vive... ¿para qué sé vive?

Soy un arco roto. Me envejezco. Oro viejo. Instante

Que fluye en un fluir de aguas oscuras, frías pero inocentes.

Así es mi vida: un territorio sin palabras, un páramo.

La noche y yo. El fulgor de un cuerpo entre las sábanas.

¿Hacia dónde voy? Acaso hacia el porvenir de un mundo

Roto, como los espejos jóvenes del hombre que fui sin ruido.

Roto, escombrado, cimentado en la escoria. Con hambre.

Apetezco sembrar un huerto de silencios blancos esta noche.

Antes que volver a reescribir la historia, prefiero olvidar

La esquiva felicidad que esconde el vuelo de una sombra.

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