118/La guerra en Siria

Publicado en por carlosmanrique.over-blog.es

 

Primero decidieron acabar con los Budas de Bamiyan. Y no pasó nada. Después, en un ataque de furia iconoclasta, decidieron destruir las ruinas romanas de Palmira. Su universo es su ombligo y el resto del mundo, qué importa. Los combates siguen asolando Siria. La última destrucción conocida ha sido el Crac de los Caballeros. La comunidad internacional, como siempre, calla. Europa se niega a acoger refugiados de guerra, porque son musulmanes. Puede parecer una paradoja. No lo es. El Papá pronunció ciertas palabras. De cara a la galería; quedó bien. Al menos con su conciencia. No puede hacer más. ¿Nada es más? ¿Y nosotros?, ¿qué hacemos nosotros como individuos que forman parte de una sociedad? No podemos aducir en nuestra defensa, como lo hizo el pueblo alemán tras la derrota del nazismo, que no sabemos: tenemos televisiones y periódicos dependientes de los intereses gubernamentales y de las grandes corporaciones. Vemos imágenes en los telediarios de niños ahogados en el Mediterráneo, hombres y mujeres que escapan del horror para completar un horror más extremo en la opulenta Europa. La barbarie destruyó Damasco, destruyó Alepo, ciudades milenarias, testigos vivos de la historia. Pero antes del inicio del estallido de las revoluciones de la mal llamada Primavera Árabe, Estados Unidos y el bloque occidental apoyaron, abiertamente, regímenes dictatoriales. Entre los extremistas de uno y otro bando se ha contribuido a la lógica perversa de la guerra. Si no importan las personas, qué pueden importar las ciudades más antiguas o los restos arqueológicos de civilizaciones perdidas para el disfrute futuro de las nuevas generaciones. Que haya un sirio muerto más, ¿a quién le importa? El sarcasmo procede de Brecht y Espronceda. La vergüenza es mía.

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