127/En Trinidad

Publicado en por carlosmanrique.over-blog.es

 

 

Te extraño tanto en Trinidad que casi no puedo oír

los colores que desde las calles me enfrentan con el cielo.

Te extraño tanto que parece que no tengo presente,

sino un epítome de ruinas imperfectas que asuelan

el porvenir de la humanidad. Te extraño tanto en Trinidad

que casi no puedo ver los sonidos que proceden

del interior de las casas: de fogones y dormitorios.

Tampoco puedo dormir en Trinidad porque te extraño tanto.

La voluntad de mis palabras se pierde en dédalos

de inusitada belleza decrépita, aparentemente estéril.

Me interrogo acerca de estos sentimientos encontrados

de oposición y resistencia, de cárcel y libertad. Estoy

contigo. En Trinidad. Atento al martirio de la caña de azúcar.

Sueño con el atardecer de tus ojos bajo una palmera.

En Trinidad la extrañeza se ha convertido en una música

que convierte en imperecedero lo perecedero. En Trinidad.

Deberé volver a la habitación del hotel. Cerraré la puerta.

Y fingiré dormir contigo hasta amanecer otra vez en Trinidad.

 

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