10/Anotaciones/El precio de la luz

Publicado en por carlosmanrique.over-blog.es

El pequeño dios Aznar convoca a sus acólitos más incondicionales a una conferencia organizada por FAES (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales), aunque yo no vea ninguna capacidad intelectual en el expresidente para analizar algún estudio social. Acudieron los de siempre: Josep Piqué, Gallardón, Aguirre... descontentos con el Marianismo. A la salida, la ínclita lideresa madrileña declaró a la prensa que le gustaría que su partido fuese el más liberal de todos los partidos españoles. Se me abrieron las carnes. Qué miedo. Las políticas conservadoras de la democracia, las del PSOE y las del PP –PPSOE, para entendernos mejor- han propiciado la liberalización de bienes y servicios, las privatizaciones –el llamado capitalismo de amiguetes- y la externalización de la sanidad pública cuando los gobiernos autonómicos fracasaron en sus intentos por privatizar lo público. Que no ha habido competencia ni mejor servicio es algo que pudimos comprobar con el precio de los carburantes, la irrupción de las televisiones privadas, la concentración de monopolios y oligopolios en unas cuantas manos, en la ineficacia o insuficiencia de la gestión cultural y educativa, por no hablar de los destrozos en la sanidad pública o el precio sangrante que pagamos por la energía eléctrica, a la que ningún gobierno ha puesto coto. El exministro Soria le porfiaba a Ana Pastor –magnífica casi siempre- que con él no había subido el precio de la luz. En plena ola de frío siberiano, se nos anuncia una subida en hora punta de un treinta y tres por ciento. Y todos tan contentos. Arropados con una manta, los que puedan agenciarse ese lujo o a la intemperie, si te han desahuciado de casa. Las subvenciones -o bono social energético- no se reservan a pensionistas y familias sin recursos sino a familias numerosas -¿opus deístas o similares?- que sí pueden permitirse facturas considerables en el precio de la energía y que pagamos entre todos. El déficit de tarifa fue un invento -o pacto- de José María Aznar con las eléctricas para no perder las elecciones. Zapatero después, ahora Mariano, siguen sin ponerle coto al instinto depredador de las compañías, que solo rinden cuentas de su gestión a los accionistas. Me ha llegado por Whatsapp una convocatoria de boicot para esta tarde a las 19:00 de veinte minutos de duración. Como si hay que estar a oscuras –y con frío- toda la noche, he pensado yo. En esa alerta se informa a los sufridos ciudadanos de a pie, a los que nos afecta la crisis y la desprotección de nuestros gobiernos, de que dejemos de consumir lo suficiente para demostrar a las compañías la fuerza que podemos ejercer los consumidores ante atropellos y anomalías extemporáneas que permiten que unos pocos se forren con la necesidad que todos tenemos de consumir energía, la de quienes pueden pagarla y la de quienes no. Yo me voy a sumar al boicot –como la amiga de mi amiga Julia que proponía hace años el boicot a El Corte Inglés y luego a Mahou, cuando la visita infame de aquel mal Papa- pero me temo que no voy a beneficiarme de los resultados de la protesta. Los consumidores somos un rebaño pacífico y raramente mostramos los colmillos a quienes nos maltratan y zahieren. La gente, ya lo dije hace unos días, vota lo que vota: el bipartidismo de PPSOE no ha velado nunca por el interés ciudadano sino por el de las grandes corporaciones que financian sus campañas y los números rojos de sus cuentas contables, siempre y cuando no haya financiación extracontable. Qué inventos, oye.

 

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