4/Anotaciones/En defensa de Manuel Carmena

Publicado en por carlosmanrique.over-blog.es

En otra ocasión, hablaré de la rutina y acaso de mis métodos educativos (lo que algunos, pomposamente, llaman metodología), para citar solo brevemente que en el hotel de Santiago desayunamos con Great Violin Concertos, casi cuatro horas de brillante ejecución del virtuoso Maxim Vengerov. Evidentemente, no vamos a tardar cuatro horas en desayunar, pero la mañana da para algunas horas de conducción –son muchos los sitios que tenemos que visitar y vamos a contrarreloj- y para charlas trascendentes e intrascendentes, que no todo es alimento espiritual. El caso es que mis jóvenes seguidores me demandan esta especie de droga buena que para mí es la música. Me ayuda a pensar y a recordar y a fijar, de forma indeleble, emociones y sentimientos. Por la noche vimos en televisión la película australiana La modista, de Jocelyn Moorhouse; un drama con toques surrealistas o de realismo mágico para entendernos, que por gracia, arte y obra del actor Liam Hewsworth se convirtió, al menos para mí, en alimento nutritivo para cuerpo y alma.

Estamos acabando un programa que comenzó al principio de las vacaciones. Un vuelo de aproximadamente siete mil cuatrocientos cincuenta y tres kilómetros, sin contar la escala y los vuelos y desplazamientos internos, y una diferencia de seis husos horarios, para que resulte imposible desconectar de lo que sucede en suelo patrio. Como hay un precipicio generacional entre mis jóvenes acompañantes y yo, que soy el único que escribe de todo el grupo –lo siento, no valen los mensajes de Whatsapp-, tengo que reconvenirles para que apaguen los dichosos dispositivos móviles. He realizado un par de llamadas –las estrictamente necesarias- y un puñado de mensajes de felicitación, aunque haya poco que felicitar, por el cambio de año. Punto.

Sin embargo, mis atractivos y seductores compañeros de avanzadilla, no han dejado de recibir vídeos, gifs, fotografías y chistes malos sobre la decisión del ayuntamiento de Madrid de prohibir el tráfico rodado por el centro de la ciudad debido a las altas cotas de contaminación atmosférica. Las críticas, para que sean eficaces, deben tener como objetivo, no un colectivo difuso –la agrupación electoral Ahora Madrid-, sino a un individuo, en nuestro caso, Manuela Carmena.

He de decir de antemano que soy seguidor acérrimo de Carmena. Si lamento no estar censado en Madrid, es porque en las pasadas elecciones municipales no pude votar su candidatura. Me parece que la elección entre Aguirre y Carmena es como elegir entre Clinton y Trump, solo que en Madrid fuimos bastante más inteligentes, aunque por los pelos.

Me pone de mal humor leer críticas o humoradas carentes de argumentación lógica y de raciocinio. Creo que es evidente –y no un posicionamiento ideológico- que la distancia entre Carmena y Botella es abismal, como lo es, asimismo entre Carmena y Aguirre, ya sé que soy redundante, pero también lo es ella, un infortunio de mujer, un despropósito.

No obstante, mis amigos fachas –no sé si puedo ser amigo de un carca- insisten en seguir enviándome machaconamente sus gracias sin gracia, que me recuerdan los chistes bastos de Arévalo sobre mariquitas al principio de la Transición –una anomalía del buen gusto-. Me veo forzado a echar mano de la red y busco el programa electoral del Partido Popular madrileño: hete aquí que la insigne edil que lidera la oposición municipal contemplaba aplicar la misma medida si las condiciones medioambientales así lo exigían. De manera que, ante las críticas, a mí se me ocurre que, o bien se trataba de electoralismo populista o se pensaba en incumplir la norma si se consideraba impopular y contraria a los caprichos corporativos de algunos. Por morbo, que no por interés, conseguimos cuadrar horarios para ver uno de los telediarios de La Sexta, cadena favorita de todos los populares, donde la maldita hemeroteca desmiente las afirmaciones de doña Esperanza. Pero a los conservadores no les detiene nada: si fueron capaces de inventarse el Evangelio... Al final, aquellos que no conciben el gobierno de este país si no es desde posiciones de derecha, tienen que reconocer que llevo razón. En el puente de la Constitución, quienes tuvieron la suerte de viajar a París, pudieron disfrutar de una red de transporte público gratuito porque los niveles de contaminación aconsejaban evitar los desplazamientos individuales en coche. Atónito, le escucho decir a doña Esperanza, quien tiene tantos problemas para llegar a fin de mes, que en su casa tienen cuatro coches y que todos terminan en matrícula par, y claro, la pobre, prisionera en el palacio que habita, como tantos cubanos que sienten que su país ha devenido en cárcel tras tantos años de revolución mal gestionada.

La verdad es que echamos unas risas a cuenta de la estrafalaria y esperpéntica dirigente populista y liberal. Pero me temo que han elegido a Carmena como chivo expiatorio por la rabia que sienten por haber perdido uno de sus bastiones, la capital, cuyo gobierno, como el reino de dios, sería eterno, pese a los pufos de gestión –Gallardón, Barberá, la misma Aguirre-. A mí, de momento, me da mucha seguridad y confianza Manuela Carmena, a quien, de momento, no le han salido tantas ranas como a Aguirre. A la pobre le ha tocado el sambenito de ser la nueva Ana Botella de la política municipal. Pero mientras no me demuestren lo contrario, la contaminación mata y colapsa los servicios hospitalarios de urgencias, los mismos que han sufrido los sucesivos recortes presupuestarios de un gobierno que sí encuentra dinero para rescatar bancos y autopistas con el dinero de los contribuyentes, que no son ni Cristiano Ronaldo ni Leo Messi ni don Rodrigo Rato, pero no lo encuentra para ayudar a dependientes y necesitados, que son muchos y casi parecen cubanos –y no quiero ofender a estos últimos-.

 

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