5/Anotaciones/Deficiencias lingüísticas

Publicado en por carlosmanrique.over-blog.es

Los últimos días de viaje me invade una tristeza que me cuesta superar. No sé decir adiós: no me agradan las despedidas. Sé que voy a echar de menos a estos formidables dioses que cumplen cada uno de mis deseos, por pueriles que estos sean. Voy a echar de menos a las familias que me han presentado, a las personas que se han acercado para contarme sus historias cotidianas, las que han compartido dolor y esperanza con nosotros. Voy a echar de menos la felicidad que se respira en esta isla de inusitada belleza que muestra, a todo aquel que quiera saber mirar, que la escasez no es sinónimo de infortunio. Seguiré levantándome temprano –tengo que ganarme el pan con el sudor de mi frente- pero no tendré con quien compartir mi música. Las programadas para esta mañana: Josh Ritter (4 Songs Live), Biffy Clyro (Ellipsis) y una antología titulada (Ópera 2012, con intérpretes de lujo: Cecilia Bartoli, Roberto Alagna, Aleksandra Kurzak, Bryn Terfel, Joyce di Donato y Juan Diego Flórez).

Traje, aparte de algunos ejemplares de mi libro Oboes de lluvia para regalar a algunos amigos, una novela de poco más de mil páginas de la que me gustaría hablar aquí a mi regreso a España. La novela, si no recuerdo mal, está editada por Penguin Rundom House, pero el problema que quiero mencionar es común a otras editoriales; antes ya me había quejado a Akal, Anagrama o Salamandra, por citar solo algunas. Y son los errores en la edición –tipográficos- y de traducción. En el uso del castellano en España tenemos un serio problemas con el uso de los pronombres personales (laísmo y leísmo, principalmente, pues el loísmo se considera un vulgarismo). Estas deficiencias me distraen, cuando no me dificultan enormemente la lectura. La magnitud de la equivocación a veces alcanza a que el enunciado o el párrafo carezcan de sentido. Basta pararse a pensar qué sobra o qué está mal para que la frase resplandezca como un diamante. No sé si esta desidia viene dada por el descuido, la pereza, la ignorancia o la falta de personal cualificado. Es una pena que no se preste atención a una edición esmerada y perfecta pues el libro es un artefacto artístico y la obra de arte acepta malamente la imperfección. La pobreza lingüística no afecta solo a la edición de libros e impresos sino que se agudiza en otros medios orales, como la radio, la televisión o los documentales que recogen los testimonios de los entrevistados. No sé porque se habla tan mal: da vergüenza escuchar el discurso de nuestros políticos pero también a nivel de calle. Aquí, en Cuba, la gente podrá ser pobre –de hecho se vive con muy poco: se necesita más-, pero construye un discurso que, si no perfecto, me suena a música celestial, tú ya sabes, mi amol.

 

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