8/Anotaciones/El regreso

Publicado en por carlosmanrique.over-blog.es

Toca hacer balance. Ya de vuelta a casa, ya de vuelta al trabajo. Preocupaciones y quehaceres. Me gustaría ser rentista. O mantenido. Pero no doy la talla. (Escucho risas en el avión). Me invaden sentimientos confusos: pena y alegría, descanso y cansancio, confianza y temor. Quiero pensar que todo cuanto he visto a lo largo de mi vida y todo cuanto he leído y aprendido perdurarán o tendrán un sentido ulterior, que de momento se me escapa. Quiero creerlo: no es una certeza. Tengo una personalidad acumulativa. Me he ido desprendiendo de lo que no necesito pero con gran esfuerzo: no ha sido tarea fácil. Pero este viaje me ha enseñado que se puede alcanzar las costas de la felicidad viviendo con menos. Me quedo con la esencia de las cosas: la sangre del azúcar, el yodo de la mar, los sonidos de las calles, latidos y órdenes necesarias para que el deseo continúe fluyendo. La medida de la felicidad está siempre –o casi siempre- al alcance de la mano. Es posible. Basta con renunciar a lo superfluo. Con decir no. Hay que resistirse a la injusticia. Hay que imposibilitar que los culpables queden impunes. A veces hay que gritar fuerte para que no se oculte la miseria a los ojos de los visitantes. Dinamitar su vergüenza cuyos grumos se estamparán en quicios de puertas y ventanas. Redecorar con colores cálidos y vibrantes fachadas y corazones. De momento tengo la agenda casi vacía durante el mes de enero. Pero no será así por mucho tiempo. Tengo que decidir a quiénes veo y a quiénes no. Dónde puedo ir y dónde debo excusar mi presencia. La edad me permite saber que solo puedo abarcar una parcela pequeña de conocimiento y de placer. Tendré que ventilar la casa, hacer la colada, quitar el polvo, barrer las hojas... Poner orden en lo prioritario. No puedo confundir mis sentimientos. Mis planes de futuro están ligados al compromiso. (No es una idea equivocada la permanencia). Me gusta definir mi relación contigo por ese propósito. Compartir palabras y actitudes. Asistir a los conciertos contigo en el Auditorio es mi privilegio y mi venganza sobre tantas cosas que salieron mal en mi vida. Compartir libros, ideas y esperanzas. Sentirme libre porque tú te sientes libre. Decir la verdad y no engañarse a uno mismo con falsas redenciones. A pie de cantera. Con la fatiga de los años. Con proyectos para los que me faltan fuerzas e inteligencia. No vagaré por las sombras, como un fantasma. Me gustará acostarme a tu lado: dormir a tu espalda. Sentir el tacto suave de tu calor. Entibiarás las sábanas y expandirás tu corazón en el silencio. Pensaré que el próximo verano –ya tan cercano- podré viajar contigo al centro y norte de Chile. Pero esa será otra historia que merecerá otra tipo de anotación. Seguro.

 

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