9/Anotaciones/La hospitalización de mi madre

Publicado en por carlosmanrique.over-blog.es

Mi madre lleva enferma un tiempo. Su enfermedad es un dolor que le impide hacer su vida. Postrada en una cama, en un sillón, en una silla, queriendo preparar la comida –un cocido, unos espaguetis, cualquier cosa-, sin poder. Tiene mala cara. Mi hermana decide que hay que llevarla a urgencias. Tras seis horas de estancia, salimos del hospital sin que a mi madre los médicos le hayan podido quitar el dolor, a lo sumo se lo han calmado. La llamo por teléfono. Por su tono de voz sé que las cosas no van bien. El viernes, después de comer, mi hermana decide que debemos volver con ella al hospital. Dice mi hermana que hay acritud en las palabras del mismo médico que la trató el lunes. Parece que él no puede hacer nada. Y nosotros menos, pienso. ¿Qué hacemos entonces? Verla sufrir. ¿Para eso sirven las buenas intenciones? ¿Y las malas? César se derrumba con las noticias. Parece que últimamente lo mío es asistir a enfermos, acompañarlos a consultas médicas mientras yo voy siempre solo a mis revisiones médicas. Lo mío no tiene importancia, trato de consolarlo, porque gozo de buena salud y voy solo de vez en cuando al médico solo. No hay que hacerse mala sangre. Conviene ser diligente y romper con la rigidez que nos impide modificar nuestros planes. De hecho, la vida se encarga de desbaratar lo que con tanto mimo planeamos. Mejor no proyectar ningún asunto. Vamos, tampoco es eso, me explico. Ayer volvió a ser un día malo. Nos recibió en pantalón de pijama y ojerosa. No podía resistir el dolor. La cita con su médica de familia es para el próximo martes. Por la tarde. Deambulo por una cocina que no es mi cocina. Mi madre me cede las riendas. Algo va mal, pienso. Sin embargo, tras comer, no me deja que me encargue, como el otro día, de fregar vasos y platos. Llamará a mi hermana para que recoja la cocina más tarde. A las once de esta mañana me ha vuelto a llamar mi hermana. Iba con su marido camino del hospital otra vez con nuestra madre. Qué ha pasado. Nada. Que sigue con el dolor. Han vuelto a explicar el caso. Han hablado con los médicos. Les han presentado los informes médicos. Así no puede seguir. La han ingresado, de momento, por un día. En la sala de espera hace un frío de pelar. No hay calefacción. A esto llegan los recortes del gobierno de Mariano Rajoy, esa persona excelsa y notable en palabras de la vicepresidenta, una paniaguada del poder. Son las cuatro de la tarde y seguimos sin tener noticias. Le han realizado algunas pruebas –análisis, radiografías, ¿algo más?- y han aventurado que pueda tener un problema de cadera. Me informa mi hermana que no ha querido comer nada de lo que le han llevado en la bandeja. Es fácil de imaginar, conociéndola. No puedo pasar página. Acabo de llegar a casa. Para comer. Cualquier cosa. He regresado entumecido: vuelvo con frío. Y con pesadumbre. Ha vuelto a telefonear mi hermana. Que baje un paracetamol para mi padre porque se ha resfriado.

 

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